Algunas cosas facilitan el aprendizaje, y otras lo destruyen.
La arrogancia lo destruye. Si piensas “Esto ya lo sé”, el aprendizaje se detiene.
Igualmente, si estás atado a un millón de cosas, no lograrás profundizar en una cosa.
No puedes cambiar realmente hasta que no profundices en algo.
Cuando el aprendizaje para, ya no hay más cambio, no hay más progreso.
Y el alma, cuya tarea es aprender y cambiar, es privada de ello.
“He comprendido todo esto, pero mañana comprenderé incluso más”.
Este es un pensamiento de reconocimiento por aquello que se ha recibido.
Y es una buena forma de asegurar que se recibirá más en el futuro.
Siempre habrá una oportunidad de aprender para aquellos que lo desean.
Aprende de tal forma que absorbas lo nuevo y lo vivas.
Eso es ser sensato, lo cual es la meta del aprendizaje.

Extraído del libro COMPAÑERA DE DIOS
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