En una situación de angustia emocional, frecuentemente tienes dos opciones: afrontar el problema o no.
Si procesas el problema significa que lo estás afrontando.
Si lo reprimes, no lo haces.
Hay una gran diferencia entre ambas actitudes.
Procesar es para la mente lo que la digestión es para el estómago.
Si tu sistema digestivo no puede procesar ciertos alimentos, tienes que dejar de comerlos o de lo contrario enfermarás.
De forma similar, si te encuentras en una situación con la que no puedes tratar, no te limites a guardártelo todo.
Haz algo de inmediato.
Mantener las cosas dentro no te permitirá tener una mente sana.
No podrás digerir lo que guardas, y para los demás será obvio que tienes un problema.
Nuestra habilidad para manejar las situaciones se ve obstaculizada por pensar demasiado acerca de los demás, lo cual causa problemas en el sistema digestivo mental.
El mejor “antiácido” mental es el estudio espiritual en profundidad.
Esto, más una práctica regular de la conciencia del ser, penetra profundamente en la mente y quita las penas emocionales de raíz.
Sólo entonces será posible purificar y refinar las emociones y, finalmente, transformarlas.

Extraído del libro COMPAÑERA DE DIOS.

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