Una persona me preguntó si la tolerancia tenía límites. Dijo que ella conseguía  tolerar hasta cinco o seis veces una situación, pero que a la séptima explotaba. Le respondí que eso significaba que ya desde la primera vez no lo estaba tolerando; simplemente estaba acumulando combustible para la explosión final.

La tolerancia no se puede cuantificar porque es una cualidad como todas las demás virtudes. Como el verde de las hojas o el azul del cielo, es algo que simplemente es. No cambia de un día para otro ni tampoco se agota.

La tolerancia te ayuda a descubrir todo tu potencial espiritual y a dirigirlo con más eficiencia.

La tolerancia depende de otras dos cualidades: la comprensión y el amor.

Cuando comprendas que todos estamos aquí desempeñando nuestros papeles respectivos y que cada uno tiene derecho a ser como es, podrás tolerar el comportamiento de cualquier individuo, por más provocativo que sea.

Si alguien se equivoca y no hace nada para cambiar esta actitud, lo único que puedes hacer por esa persona es tener misericordia. Si intenta subsanar el error, entonces debes respetarle.

La tolerancia es el amor que oscila entre misericordia y respeto.

Extraído del Libro LA PAZ COMIENZA CONTIGO

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