Si es necesario que te hagas responsable de algo, por supuesto deberías hacerlo. Pero, si una situación no te atañe u otro es el encargado, no te dejes atrapar por ella. No obstante, si quieres ayudar, puedes involucrarte de una forma más sutil: a través de la fé. La fe en los demás es muy eficaz. No se trata de una fe ciega, –es decir, observar desesperado mientras mantienes los dedos cruzados– sino permanecer alerta a lo que está sucediendo y después infundirles la fortaleza de la fe hasta tal punto que se sientan capaces de hacer lo que es necesario.

Esto significa que has de tener fe, pero también dar el poder de tu fe.

Si la otra persona es sincera y verdadera, tu fe la ayudará.

Éste es el modo de ayudarnos realmente unos a otros.

Extraído del Libro  COMPAÑERA DE DIOS
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