A partir de un cimiento fuerte de amor a si mismo, surge una disposición natural a amar a los demás sin retribución ni expectativas. Crece la solidaridad interpersonal y el deseo de no solo dar de si, sino de donar. No es una donación de cosas físicas, sino de virtudes y poderes encontrados en el fondo del Ser, lejos de la superficie turbulenta.

Para desarrollar el espíritu de donación:

1. Por un día, desde la hora en que despiertes, trata de mantener esa disposición donante con quien quiera que surja frente a ti, especialmente los que son considerados enemigos. Antes de dormir, fíjate si fue un día fácil, ligero y satisfactorio, o si fue laborioso y difícil.

2. Trata de identificar las cualidades positivas y amables de los otros y fija tu atención en ellas, para no ser afectado por los aspectos negativos de la personalidad.

Amar es servir al otro, es decir, salir de tu prisión emocional y libertar al otro. Quien sirve al otro, automáticamente esta sirviéndose a si mismo.

Extraído del libro LECCIONES PARA UNA VIDA PLENA
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