Dar

Dar

Una vida de dar

¿Dar? ¿Por qué dar? ¿Qué dar? ¿Cuándo dar? ¿A quién? Surgen algunas de estas preguntas y muchas otras cuando pensamos en dar. He aquí, que cuando llegamos a Brahma kumaris, el acto de dar, se convierte en el motor que nos mueve en todo lo que hacemos. Por consiguiente, comprender el profundo significado del dar, es reconocer en profundidad, el propósito fundamental que hay detrás de cada una de las prácticas que propone la filosofía del Raja yoga.

Una acción amorosa

Para comenzar, una de las cosas más importante, es reconocer que el dar tiene que ver con nuestra esencia, con nuestra naturaleza más profunda. Dado que el ser interior, el alma, “es”, la cualidad divina del amor. Es decir, en pocas palabras, el alma es amor.

Si decimos que el alma es amor, entendemos que el propósito del alma es amar, es decir, que viene a este mundo a expresar el amor, a dar el amor. Por lo tanto, la consecuencia natural del acto de amar, es ser amado. Y no al revés, ya que no podríamos decir que el alma viene para ser amada, entonces ama.

¿Somos o tenemos amor?

Si somos capaces de reconocer que el alma ama, entonces, también podríamos reconocer que amar es dar. Ya que, en el acto de amar damos, ya sea: aceptación, respeto, paciencia, cuidado, tolerancia, generosidad, cariño, dulzura, firmeza, compasión, etc etc. Lo cierto, es que esto no debería ser solo una idea o una creencia, sino que realmente, debería ser validado por la experiencia personal. Porque estamos hablando de sentir, pero no solo sentir, sino de sentir virtudes que damos cuando amamos a alguien. Más esto, no queda limitado solo a un aspecto físico, sino que tenemos la experiencia de amar cuando expresamos esas virtudes en cualquier acción que hagamos: sea cuidar, acompañar, aconsejar, etc.

Dar es amar

En definitiva, desde la visión que plantea Brahma Kumaris podríamos decir que: amar es dar, pero que dar es un acto espiritual. Ya que amar es dar desde el corazón, es dar las virtudes del alma. Ya sea en una acción física, o expresando un sentimiento puro. De esta forma, el resultado de este dar espiritual, es siempre la felicidad del que da, el que recibe y de todos los que participan.

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