Los seis tesoros



l) Los pensamientos


Los pensamientos pueden ser nuestros mejores amigos o nuestros peores enemigos. Hay que instituir un método sencillo para evaluarlos. Los pensamientos son los responsables de que suframos o sintamos felicidad. Sin embargo, a nuestra conveniencia, olvidamos que no son los demás y las situaciones en que nos encontramos lo que provoca nuestros pensamientos. Somos nosotros mismos.

Hay que aprender a calmar la actividad incesante de la mente para empezar a ordenarla. Incluso sin querer, la mente es capaz de experimentar hasta dos mil impulsos por minuto entre informaciones y sensaciones. En un segundo, nos puede llevar al otro lado del mundo para volver a visitar el lugar donde hemos pasado las vacaciones o para vivir una experiencia de una relación olvidada del pasado. Sin duda, no es fácil domar los caballos galopantes de la mente. Al principio, tenemos que aprender a conversar con ella:
—  ¿A dónde vas?
—  ¿Por qué me llevás allí?
—  Ya sé que tienes que ocuparte de muchas cosas pero no es necesario pensar tanto, preocuparte tanto.
—  ¿Cómo puedo utilizarte para bien?
—  Vamos a aprender a trabajar mejor juntos para coordinar los pensamientos con las acciones.

Poco a poco, vas descubriendo que, al observar el proceso de los pensamientos, te sientes más liberado y desapegado. (Si tienes alguna duda al respecto, repite la meditación del final del primer capítulo).

Observa que el flujo deslumbrante de ideas, sentimientos y planes ahora transcurre con menor intensidad.

Si el diálogo con la mente prosigue así, el siguiente paso consistirá en crear deliberadamente pensamientos positivos.

¿Quién soy yo realmente?

Soy distinto del cuerpo físico.
A fin de cuentas, soy un ser de paz.
¿Por qué me estoy limitando con pensamientos inútiles?
Si yo he creado mi situación mental, también he creado la confusión, como un efecto.
Si yo he enmarañado esto, puedo desenmarañarlo con la misma facilidad que puedo apagar la luz de una sala.

Los pensamientos pueden ser una fuente inagotable de fortuna. Se trata de desconectarlos de todos los aspectos que roban su potencial al ser y de vincularlos a cuestiones que posean un valor real. En la India hay una expresión que habla sobre la serpiente Naja. La Naja tiene la forma de un diamante dibujado en la cabeza.

Dicen lo siguiente:

Mira siempre el diamante y no la serpiernte. En este caso, el diamante es el ser. La serpiente es todo lo que cubre el ser en cuanto al propio cuerpo y en un nivel más sutil, los hábitos, los defectos y la personalidad. Cuando prestamos más atención a la serpiente de la persona, pueden surgir infinidad de pensamientos inútiles.
Cuando vemos el diamante, que es el propio ser eterno, podemos no sólo limitar los pensamientos inútiles, sino también transmitir una energía positiva al ser.
Viendo el diamante nunca somos engañados. Viento la serpiente siempre lo somos.

2) Las palabras


En la desesperación de querer ser escuchado, el individuo habla más de lo que necesita y así, además de privarse de una fuente de rendimiento espiritual imprescindible, acaba agotándose. La energía del ser brota por la boca de aquel que no cuida de sus palabras. Una palabra puede estar tan llena de veneno que cause tristeza a otra persona para toda la vida.

Una palabra puede estar tan llena de significado y bendiciones que puede animar a alguien para toda la eternidad.

Nadie escucha a la persona que habla mucho y no hace nada. Pero todos prestan atención a aquella que lo hace antes de hablar, pues sus palabras están llenas de fuerza y autoridad que provienen de su experiencia de la victoria.

La poesía es una secuencia de palabras que se armonizan entre sí. Los lamentos, la queja y las habladurías también son secuencias de palabras, pero no aportan ninguna belleza.

3) Las acciones


Si hay que escoger entre dos caminos difíciles, lo mejor es optar por el que se presenta como más espiritual. Si la vida ya es difícil y el individuo piensa que adoptar una práctica espiritual también lo es, por lo menos esta dificultad eliminará todas las demás. Optar por un camino más espiritual no va en detrimento de la vida. Al contrario, ayuda a encontrar más equilibrio.

En realidad, la dificultad es muy poca. Todo en la vida exige un esfuerzo, incluso el hecho de beberse un vaso de agua. Solamente que, en este caso, se trata de tomar
un vaso de néctar del conocimiento necesario para desarrollar más espiritualidad.

Esta acción, ¿me acercará a la visión que tengo de la realización de mi potencial?

Esta pregunta nos da una respuesta a todo y aporta un equilibrio inmediato porque señala el camino que tenemos que seguir.

Si bien los pensamientos vuelven de forma sutil, las palabras producen resultados más evidentes. Pero las acciones son las que forman la base de todo lo que tenemos y somos. Lo que ha determinado mis acciones actuales no es tanto lo que yo he pensado o dicho en el pasado, sino lo que he hecho.

La palabra acción en sánscrito es karma. De acuerdo con el sentido de karma, la acción no es simplemente un acto aleatorio, perdido en el tiempo y en el espacio, sin consecuencias. Se trata de un movimiento de energía que tiene que compensarse.

Si hacemos algo bueno, el resultado será bueno.
Si hacemos algo negativo, el fruto será alguna forma de sufrimiento o de tristeza.

Así como un cambio de actitudes puede ayudarte a organizar las acciones, la atención y el cuidado de los actos contribuirán a la reestructuración de los pensamientos y las palabras.

A través de sus actos, la humanidad ha llegado al punto en que se encuentra. Los actos más dignos y en consonancia con sus valores intrínsecos, aunque olvidados, serán los que llevarán a la humanidad a encontrar su elevación.

4) La energía


Cuando intentas pasar por el mundo sin herirlo, entablar relaciones sin destruirlas, es posible que no puedas evitar todos los obstáculos, pero seguro que los caminos de tu
vida empezarán a abrirse como súbditos que se inclinan para dejar pasar al rey. La propia naturaleza reconoce en silencio tu nuevo valor y brinda más salud.

La forma de utilizar el propio cuerpo determina la cantidad y calidad de energía de que disponemos para seguir adelante con la vida.

Cuidar el cuerpo es una cosa; utilizarlo de forma beneficiosa es otra. Si no se presta atención a utilizar la energía física para bien, no importa los cuidados que se dispensen al cuerpo, éste no permanecerá sano durante mucho tiempo.

A veces, las acciones y estilos de vida pasados son una fuente de enfermedades actuales. Pero incluso los dolores provocados por el sufrimiento físico pueden disminuirse con una actitud positiva y la conciencia de que, sea cual sea el dolor, simplemente se trata de algo perteneciente al vehículo del alma.

El conductor, el ser, no debe sufrir tanto.

A veces, un pequeño dolor, intensificado por la autocompasión y la falta de autoestima, hace que la persona se sienta como si estuviera muriéndose.

Sentir un dolor en la espalda es motivo suficiente para llamar la atención de toda la familia para que ésta acompañe el drama del dolor.

5) El tiempo


El tiempo, desde una perspectiva más práctica, representa la medida de tus actividades.

Si te enfrentas a las actividades como si fueran tus dueñas, seguro que tendrás la sensación de que el tiempo pasa muy deprisa y de que no sobra ni un minuto para estar en paz.

Si un acto se convierte en tu dueño, es como si se colocara la carroza delante del caballo.
Tú, el ser, eres el cochero. El cuerpo es el caballo y la carroza contiene todo lo que
has hecho y producido en la vida. Y tú eres quien determina a dónde quieres ir, y no al
contrario.

Dentro de la carroza también está tu tiempo.

Es una gran suerte estar vivo y disponer de tiempo para todo.

La división del tiempo

Puedes dividir las 24 horas del día en tres etapas:

•    8 horas para cuidar tu cuerpo; dormir y comer.
•    de 8 a 10 horas para trabajar.
•    de 6 a 8 horas para desarrollar actividades positivas para el crecimiento del yo y para ayudar a los demás.

Aunque en una hora reserves sólo un minuto para comprobar y mantener tu estado de paz interna, los 59 minutos restantes serán más tranquilos, eficientes y gratificantes.

6) La riqueza


La vida puede realmente valer la pena si consigues canalizar tu riqueza física para bien. Si cada céntimo lo utilizas de forma beneficiosa, seguro que te aportará felicidad.

Una vez me quedé impresionado con la experiencia siguiente:

Estaba esperando un tren en una estación de una zona remota de la India.

Un niño de cinco años, vestido con andrajos, delgado y muy sucio, vino a pedirme dinero:

- ¡Baksheesh! ¡Baksheeh! Sahib. (¡Limosna de una persona rica para una persona pobre, señor!).
Lo miré y decidí darle las seis mandarinas que acababa de comprar. No iba a darle dinero pero pensé que no había ningún problema en darle las frutas. El tren se estaba retrasando. Poco después, vi que el niño estaba intentando vender las mandarinas. Finalmente, se dirigió a un señor de edad indeterminada y le entregó el dinero.

El hombre se dirigió a un quiosco de periódicos y compró un paquete de cigarros. En el espacio de media hora vi cómo mis mandarinas se convertían en cigarrillos. No era el
destino que yo había escogido para las mandarinas. Empecé a pensar que ya que es difícil controlar estas situaciones, es mejor actuar siempre con el máximo sentido común.

Está claro que utilizar la riqueza de forma beneficiosa no significa dar limosna a los mendigos que abordan a los coches en los semáforos, simplemente para reducir el
sentimiento de culpabilidad. Las carencias de los seres humanos no son sólo materiales.

Hay tres formas alternativas de hacerlo:


- Cultivar la sencillez del vestuario y la alimentación, no sólo para conservar la propuesta de una vida más espiritual, sino para ayudar a preservar el medio ambiente, cada vez más carente de recursos. Evitar las compras superfluas garantiza la continuidad del estado pacífico. (Por cierto, este aspecto es bastante sutil porque en un mundo de tanta interdependencia, cuando alguien tiene alguna cosa es porque hay muchos que no la tienen).

- Utilizar la riqueza para crear los medios y el tiempo libre suficiente para desarrollar la espiritualidad en ti y en los demás.

- Reconocer los talentos y cualidades que forman parte de tu riqueza interior y utilizarlos para devolver un poco de dignidad a las personas que te rodean.

La felicidad


El resultado de una vida saludable y rica en todos los sentidos es la felicidad.

No es la felicidad de romper a carcajadas o de excitar los sentidos, es la felicidad de la sonrisa de alegría.

Muchas personas ríen no porque son felices sino porque quieren serlo.

Aunque en el mundo el ¡Ja! ¡Ja! ¿Ja! se considera como una señal de que alguien está feliz, ¿quién no prefiere la sonrisa constante que parte de una satisfacción interna?

La felicidad es el reconocimiento del verdadero valor del yo.



Extraído del libro LA PAZ COMIENZA CONTIGO