Había una vez un rey que, a pesar de ser extremadamente rico, tenía fama de ser muy generoso y no preocuparse de su riqueza. Cuanto más daba para cuidar a sus súbditos, tanto más se llenaban los cofres de su fabuloso palacio.
Un día, un sabio que estaba pasando muchas dificultades buscó al rey para descubrir su secreto. Pensaba:
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